El Principito nos enseñó que lo esencial es invisible a los ojos” y a la vez que lo verdaderamente valioso es perceptible al corazón.

Agradecemos al Señor el gran carisma de la Esclavitud de la Inmaculada Niña, que encarna la Buena Noticia del Evangelio con estilo propio: Vivir como la Inmaculada Niña, con un pequeño corazón lleno de Dios desde los sentimientos de Jesús libre, humilde, entregado y al servicio para el bien de la humanidad. 

Un carisma donado  a la sociedad durante 125 años a través de la familia EIN, posibilitando que otros lo acojan, dejen que mueva sus vidas, les aporte identidad y genere plenitud. Son muchos miles los niños y niñas, padres y madres, abuelos y abuelas que se han enriquecido gracias a este carisma expresado en la Inmaculada Niña. Que gracias a él han descubierto su dignidad, desplegado su identidad y disfrutado felizmente de la vida.

Celebramos la vida presente y la futura del don carismático EIN, que pasa a través de nosotros gracias a nuestra pertenencia a un Centro EIN.  Por eso, estamos de celebración: porque el don es para todos, Dios lo entrega continuamente y es un corazón disponible como el de la Inmaculada Niña, el que posibilita que su sueño de ser acogido.

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